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Mon, Sep

Quisiéramos pedirles que consideren algunas ideas en la discusión que se encuentra en desarrollo.

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Pronto estarán analizando las indicaciones sugeridas a la Ley de Identidad de Género y quisiéramos pedirles que consideren algunas ideas en la discusión que se encuentra en desarrollo. Ante todo, los niños, niñas y adolescentes transgénero son sujetos de derecho. Y lo que se vulnera aquí es su derecho a la identidad, a ser respetado como la persona única e irrepetible que cada uno de ellos es.

 

Han de saber que el camino que recorre cada niño, niña y adolescente transgénero es ya muy complejo. Crecen en un mundo que los define como niño o niña sin preguntarles su opinión. En su inocencia y desde lo más profundo de su ser, expresan de una u otra manera su identidad de género, y lo más probable es que estas expresiones sean rechazadas, no por otros niños, sino por los adultos, sus padres, sus madres, sus profesores… ¿cómo un niño va a querer jugar con muñecas?, ¿por qué una niña no querría usar un vestido tan lindo? Este es su primer obstáculo.

 

Pero su naturaleza insiste… a pesar de este rechazo, y así los padres empiezan a sumar detalles, situaciones, conversaciones, observan sus gustos, sus intereses, su forma de expresarse, y ante la abrumadora evidencia, se preguntan ¿qué es esto?, ¿es normal?, ¿les ha pasado a otros niños?, ¿quién me puede ayudar? Este es su segundo obstáculo.

 

Averiguar de qué se trata en estos tiempos donde abunda la información es una tarea sencilla. Lograr comprenderlo toma algún tiempo y tener el valor de contarlo a los demás no es nada fácil. Porque no es un tema que se conozca, que se enseñe en los colegios, que se hable en las reuniones… ¿cómo contarles a los abuelos, por ejemplo, sin sentir que les embarga la decepción o que se ha fallado en su misión de ser padres? Para las familias, sin duda es un remezón y a muchas de ellas les quiebra. Este es su tercer obstáculo.

 

Y más temprano que tarde se enfrentan a la decisión de compartirlo con sus amigos, con los vecinos, en sus colegios. Para una comunidad educativa también supone un fuerte remezón. Y la decisión muchas veces consiste en cambiarse de colegio, porque se les pide explícitamente o producto del bullying al que son expuestos. Hoy en día, son pocos los colegios que se han abierto a la posibilidad de tener un alumno transgénero en sus aulas, respetando su identidad. Este es su cuarto obstáculo.

 

Y si nos volcamos a la sociedad toda, en la que cada niño, niña y adolescente trans está inmersa, nos encontramos con su quinto obstáculo. Algunos pierden a sus amigos, parte de la familia extendida se aleja. Mucha gente los juzga sin conocerlos, surgen las frases peyorativas, discriminadoras, ofensivas.

 

Las familias que se presenten ante tribunales para solicitar un cambio en el nombre y sexo de su hijo o hija en los documentos del registro civil ya han superado todos estos obstáculos. No están jugando, no han invertido su tiempo y sus recursos por un antojo. Al contrario, han visto renacer a sus hijos luego de aceptar su identidad y quieren resguardarlos para que puedan desarrollarse plenamente.  

 

Como tantas cosas en la vida, uno no sabe de niños, niñas y adolescentes transgénero si no hasta que conoce a uno de ellos, ya sea porque es parte de la familia, vive en el barrio o porque comparte colegio con alguno de los hijos. Y cuando los observa, de pronto se hace evidente que nadie miente, que su naturaleza es la que se manifiesta, que es imposible ignorarlo… y que merecen el mismo respeto y cariño que merecen todos los niños y niñas de este país.

 

Hace no mucho tiempo, a una persona zurda se le ataba el brazo izquierdo en la espalda para obligarlo a aprender a escribir con la mano derecha, la “mano normal”. Hoy esa diversidad motora se respeta e incluso se han diseñado artículos que la consideran y existen tijeras para zurdos, por ejemplo. Pero no porque existan estos artículos, las personas diestras los usarán, ¿no es así? De manera similar, las personas transgénero se enfrentan a una sociedad que aún “les amarra el brazo en la espalda”, suponiendo que si los obligan a vestir de determinada manera, o usar cierto corte de pelo o mantener el nombre con que fueron inscritos en el registro civil se integrarán tarde o temprano a la “vida normal”. Craso error, la vida se torna más difícil día a día. Basta considerar que la tasa de intentos de suicidio en adolescentes es del 4%, mientras que la tasa de intentos de suicidio en adolescentes transgénero es del 59%. Es por eso que la Ley de Identidad de Género se hace tan urgente, y tal como con las tijeras para zurdos, esta ley resuelve muchas dificultades de las personas trans y no afectará a quienes no lo son.   

 

En tiempos legislativos, es posible que tres años y más se considere normal para la tramitación de una ley. Pero recordemos que en este caso sus destinatarios son niños. Niños que tenían seis años y hoy tienen nueve, o que tenían 12 años y ya tienen 15… ya ha pasado un tercio, un cuarto, un quinto de su vida esperando que la ley se concrete, esperando que su certificado de nacimiento y su cédula de identidad les permita presentarse tal como son y no tener que dar explicaciones a cada persona que los conozca. Un médico debe saber que su paciente es transgénero, para comprender los síntomas por los que acude a atenderse y emitir un buen diagnóstico, así es… pero ¿necesita saberlo la secretaria del médico, el recepcionista de un hotel o el personal de aduanas? Cuántos momentos desagradables se podrían evitar con un pronto despacho de esta ley.

 

Los invitamos a impulsar la versión actual de la Ley de Identidad de Género y cautelar que las indicaciones que se aprueben respeten los derechos de los niños, niñas y adolescentes reconocidos en la Convención de Derechos del Niño. Y recuerden que hablamos de la identidad de género, la que no debe confundirse con la orientación sexual, esa es harina de otro costal.

 

 

 

Fundación Renaciendo

Familias de niños, niñas y adolescentes transgénero e intersex.